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DESMONTANDO MITOS: “ES MALO DORMIR CON PLANTAS”

Cuando estuve trabajando en Salobreña, alquilé una casa muy bonita. Mi casera dejó a mi cargo un par de plantas, así que, para evitar que mi linda gatita las mordisqueara, las coloqué en la habitación que destiné a invitados, la cual, la mayor parte del tiempo estaría desocupada y podía, por tanto, ser el refugio perfecto de mis amigas vegetales. 

Como es natural, algún que otro fin de semana vinieron amigos y familiares a visitarme. En una de estas ocasiones vino una amiga a la que admiro y respeto desde que la conocí. Es inteligente, científica y cultivada, sin embargo, a la hora de dormir y ocupar su habitación, me pidió que sacara las plantas esa noche de allí. Yo bromeé diciéndole que las plantas no iban a echar más dióxido de carbono que si compartía la habitación conmigo, pero no la hice cambiar de opinión y las plantitas fueron exiliadas definitivamente.

Eso me hizo pensar en cómo nos afectan y nos marcan muchos de los conocimientos que adquirimos en nuestra más tierna infancia derivados de la conciencia popular, del refranero, etc.

La verdad es que, como me merece tanto respeto mi amiga, pensé que el mito sobre dormir con plantas podría estar fundamentado en alguna otra cosa que no fuera el hecho de que las pobres respiran como todo ser vivo que se precie de serlo, así que, desde entonces, me propuse averiguar algo al respecto. Después ocurre lo que ocurre, te pones a hacer otras cosas y se te olvida la anécdota, por lo que la cuestión quedó sin resolver… Pero esta noche (una más de ésas en las que no puedo dormir), me he puesto a curiosear por uno de mis blogs preferidos: “Diario de un Copépodo”, y mira tú por donde, he ido a parar con un post  que habla justo de esto.  Así que ya que mi  amigo Copépodo tuvo en su momento la misma idea que yo, me ha ahorrado el trabajo. Os recomiendo que lo leáis hasta el final (ya sé que hay partes que muchos de vosotros aún no vais a entender, pero no os preocupéis por eso, lo que importa es os quedéis con lo importante y que averigüéis la verdad). ¡Adelante!

¿ES PELIGROSO DORMIR CON PLANTAS?

¡Por supuesto que sí! Pero quizá no por lo que tú te crees.

Muchas veces habréis oído entre esos consejillos seculares que se remontan a los albores de la civilización que no hay que dormir con plantas en el dormitorio. Al parecer “te roban el osígeno” y “te asfisias“, (probablemente de forma irreversible). La gente que me lo advertía me aconsejaba también que no comiera nada (¡NADA!) después de beber un vaso de leche: “a la leche, nada le eches”. Curiosamente sí podía optar por comerme lo que me diera la gana y ayudarme con la leche después, y es que al parecer el estómago humano tiene la capacidad de guardar memoria de qué te has tomado primero aunque luego se te mezcle todo. Cuando comentaba estas cosas se me respondía que no cuestionara “a los antiguos” que ellos “sabían mucho”.

Como somos muy desobedientes, vayamos al turrón. ¿Qué hay de cierto en los riesgos de tener un ficus en la habitación donde dormimos? Bien, empecemos diciendo que, efectivamente, las plantas respiran. Consumen oxígeno y liberan dióxido de carbono igual que todo hijo de vecino. A veces se dice que las plantas hacen fotosíntesis por el día y respiran por la noche, y como el balance gaseoso de ambos procesos es inverso (la fotosíntesis libera oxígeno y consume dióxido de carbono) da un poco la sensación de que los vegetales son un poco ciclotímicos o que tienen un rollete Dr. Jekyll/Mr. Hyde que no hay quién entienda. Esta idea se ve reforzada por esquemas como este que plagan los libros de texto.

Oigan,  este esquema es parcialmente incorrecto. No lo usen en su tarea sin leerse todo el texto.

¡Qué cabronas las plantas! Por el día van de buen rollito y por la noche, ¡zasca! te roban el oxígeno. ¿Y esto por qué? ¿A qué se debe este doble intercambio tan contradictorio? Pues a que los procesos que los provocan son independientes y tienen además una historia biológica separada.

La fotosíntesis oxigénica (entendida en su sentido amplio) es la manera que tienen las plantas de resolver su anabolismo o biosíntesis, es decir, la parte del metabolismo en el que se generan nuevas moléculas. Los átomos de estas moléculas son diversos (nitrógeno, fósforo, azufre etc), pero por encima de todo, carbono. Los organismos capaces de fijar carbono atmosférico se denominan autótrofos, porque realizan su anabolismo de forma autónoma (frente a los heterótrofos, que tienen que comerse otros seres vivos). Ese carbono se consigue precisamente, a partir del dióxido de carbono del aire, y la energía necesaria para fijarlo procede de la luz. No es la única forma que tienen los organismos autótrofos de buscarse la vida, pero sí es la mayoritaria en nuestro planeta. Las plantas son, por lo tanto, foto-autótrofas. La fotosíntesis, ese pedazo de invento, tiene como consecuencias un excedente energético y un desecho. El oxígeno es, por lo tanto, el residuo del anabolismo de las plantas.

La fotosíntesis se realiza siempre que la luz de frecuencia adecuada excite los fotosistemas de los cloroplastos. Normalmente esto ocurre por el día, pero las plantas no usan despertador, y si se las ilumina correctamente, fotosintetizan de noche.

La respiración, por su parte, es una forma de catabolismo, o sea, del proceso de degradación de las biomoléculas para extraer la energía acumulada en sus enlaces. Como subproducto de la respiración es necesaria una sustancia oxidante que capte el flujo de electrones que resulta del proceso. En nuestra atmósfera la sustancia candidata para ello es, de nuevo, el oxígeno. En este caso el oxígeno es el oxidante de la reacción. A los organismos que necesitan oxígeno como oxidante final de las biomoléculas que se degradan se llaman aerobios.

La respiración se realiza en las mitocondrias, durante todo el día (no sólo por la noche) porque no depende de la luz.

Este esquema está algo mejor

Que el oxígeno juegue este doble papel no es, desde luego, una casualidad, (podríamos extendernos en este tema, otro día, quizá), pero lo que hay que entender es que hay metabolismos alternativos y que el protagonismo en estos procesos tiene orígenes independientes que se remontan a los procesos de endosimbiosis seriada que dio orígenes a las células eucariotas. Esa esquizofrenia arcana es la responsable de la contradicción gaseosa de las plantas. Para nuestra suerte (visto en la retrospectiva de organismos que no podrían existir de otra manera), el balance gaseoso de la fotosíntesis supera con creces al de la respiración. La planta hace y deshace el mismo proceso, pero los propósitos de ambas reacciones son distintos, se realizan en distintos orgánulos celulares y se originaron por separado.

Pero me estoy desviando, que éste no era el tema.

La cuestión es que, obviamente, para responder a la pregunta inicial hay que plantearse cuánto oxígeno consume una planta por la noche y si esto puede ser una amenaza.

¡El enemigo en casa!

En principio la tasa de fijación de carbono por fotosíntesis va a ser superior a de expulsión respiración, pero ¿Cuánto carbono fija una planta al día? Si hojeamos los libros de fisio vegetal que tanto polvo acumulan obtenemos, lógicamente, cifras muy dispares, de entre 4 a 30 µmol de CO2 por metro cuadrado de superficie foliar y segundo (esto depende del buen estado de la planta, de que reciba luz suficiente, etc). Las plantas C4, que son mucho más eficientes, llegan a fijar hasta 47 µmol de CO2 por metro cuadrado y segundo. Para nuestra maceta hipotética, como estamos tirando por lo alto, le daremos un valor de 40, ¡que no se diga!

Supongamos que tenemos en una maceta el potos de la abuela. Su superficie foliar (una treintena de hojas de unos 15 centímetros cuadrados) suma 0.15 m2 y como estamos tirando por lo alto ha recibido durante el día unas generosísimas 14 horas de luz. Si los cálculos no me fallan, que todo puede ser, esa maceta ha fijado 0.3 moles de dióxido de carbono durante el día.

Recurriendo de nuevo al libro de fisio vegetal descubrimos que las plantas pueden respirar lo suficiente como para expulsar entre un 30 y un 60% del carbono asimilado en un día. En los trópicos este valor puede llegar al 70-80% (¡Ay de ese mito de la Amazonía como “pulmón” del planeta!). Como estamos siendo muy bestias con nuestra planta, vamos a suponer que la tenemos cuidada de puta madre, respira mucho y expulsa un 70% del CO2 consumido durante el día (24h).

Conociendo la estequiometría de la reacción,llegamos a la conclusión de que la planta “chupará” de la habitación 0.07 moles de oxígeno durante las ocho horas de sueño reparador. Suponiendo que estamos en una habitación normalita de 36 metros cúbicos, hermética y sin ventilación (hemos dicho que estamos siendo muy bestias), sabiendo que el 21% del aire atmosférico es oxígeno y aplicando la famosa ecuación de los gases ideales (P·V=n·R·T) a 1 atm y 20ºC llegamos a la conclusión de que…

nuestra planta asesina nos quitaría un 0.022% del oxígeno de la habitación

Así que no parece que su respiración deba preocuparnos en exceso.

Suponiendo que el consumo de oxígeno de un cuerpo humano en reposo es de 3.5 mL/kg·min, una persona de 70 kg gastaría en esa misma noche un 1.55% del oxígeno del aire de la habitación (aún suponiendo que es hermética y que el proceso de ventilación fuese totalmente eficiente, cosa que dista mucho de ser así). Siempre me ha parecido muy curioso que la misma gente que me advertía del problema de tener macetas en la habitación era gente casada que dormía junto a un auténtico sumidero de oxígeno (que además, roncaba), pero incluso durmiendo acompañado, no parece que la escasez de oxígeno deba ser motivo de preocupación.

¿Por qué decía al principio entonces que es peligroso dormir con plantas?

Pues evidentemente, porque siempre hay riesgos de que produzcan vainas invasoras del espacio exterior y sustituyan nuestros cuerpos de forma irremediable. Así que tenlo claro: ¡nada de plantas en el dormitorio!

¡Contigo no, bicho!

¡No cuestionéis a los antiguos!

Bueno, chicos, pues ya véis, no hay razón para desterrar las plantas de vuestras habitaciones, a no ser que también penséis que sean “mutantes asesinas”. Si os gusta la idea, os invito a investigar algún otro mito que se os venga a la cabeza. Se abre un nuevo espacio en este blog. Por cierto: ¡Feliz y próspera entrada de curso!

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