• ¿Qué tal?

    Vamos, pasa a esta "otra clase". Un lugar donde nos reunimos para seguir compartiendo lo que aprendemos, para expresarnos como queremos, sobre lo que hacemos y sobre lo que nos interesa.
  • enero 2013
    L M X J V S D
    « Dic   Mar »
     123456
    78910111213
    14151617181920
    21222324252627
    28293031  
  • EL RECREO DE MI OTRA CLASE

  • Archivos de bitácora

  • Archivos de mi curso

  • Página a página

  • Escribe tu dirección de correo electrónico para suscribirte a este blog, y recibir notificaciones de nuevos mensajes por correo.

    Únete a otros 8 seguidores

  • Contador de visitas

  • Autora

¿POR QUÉ NOS HURGAMOS LA NARIZ?

A pesar de haber trasnochado, esta mañana de domingo, me he despertado a las siete y pico… En cualquier otra época de mi vida, hubiera ido al baño, quizás hubiera bebido un poco de agua y hubiera vuelto a la cama, para abandonarme nuevamente al sueño, bien cobijadita bajo el edredón, que es lo mejor que uno puede hacer un domingo frío de invierno, a estas horas tan tempranas. Seguramente, me hubiera sonreído, igual que he hecho hoy, al pensar en la pregunta que me ha asaltado al despertarme, pero, sencillamente, se me hubiera pasado la curiosidad al volver a pegar los párpados. Eso hubiera pasado en cualquier otro momento anterior de mi vida… pero, ahora, ya no. Ahora tengo un smartphone, como la mayoría de vosotros. Y, desde que mi smartphone descansa en mi mesita de noche, mientras yo lo hago en la cama, teniendo tan a mano toda la información del mundo mundial, me es imposible no saciar mis ataques de curiosidad, sea cual sea la hora en la que hagan acto de presencia. Así que, aunque después me he vuelto a quedar sopa, esta mañana, a las siete y pico , mientras todos vosotros, probablemente, estábais durmiendo plácidamente, yo estaba investigando sobre esta cuestión que, al parecer, era de vital importancia para mi cerebro, al despertar en esta dominical jornada: ¿Por qué nos hurgamos la nariz?

Ya, ya, reíros; si yo también lo he hecho; pero, de esto no se salva nadie, ¿eh? Aunque reprobemos esta conducta en los demás, lo cierto es que, el 90% de la población confiesa hacerlo… y yo diría que el 10% restante lo hace, aunque no lo confiese…

Pues bien, he comenzado a navegar, para dar con alguna respuesta y me he llevado la sorpresa de que, por lo visto, el motivo por el que el ser humano se hurga la nariz es  uno de los misterios de la ciencia… Ya veis, los científicos han sido capaces de descifrar el genoma humano, de cultivar células madres, pero no de dar una explicación a este comportamiento.  Deduzco que, si es un misterio, es por lo que tiene de excepcional este comportamiento con respecto al resto del reino animal. La verdad es que no he podido encontrar información a cerca de otros primates que se hurguen en la nariz. Por cierto, el término formal para esta actividad es rinotilexia.

Pues bien, como para todo lo que supone un misterio para el ser humano, surgen numerosas teorías que  tratan de dar una explicación. Somos así, curiosos por naturaleza.

Yo, la verdad, es que creo que lo hacemos porque podemos, y por la sencilla y única razón de que los moquitos resecos que se quedan pegaditos a las paredes de las fosas nasales suponen una molestia que tendemos, conscientemente o no, de eliminar. Y afirmo esto basándome en una deducción empírica, por supuesto.  A ver, no quiero herir sensibilidades, pero, ¡caramba!, a veces esos incordiosos perdigoncillos se quedan pegados batante arriba de las fosas nasales,  y, por más que te suenas con un pañuelo, no salen; de modo que, el aire no fluye con total libertad, incluso, en ocasiones, se produce una vibración, al tener que sortear el aire dichos obstáculos muciláginosos, en su camino hacia los bronquios, lo cual se traduce en un ruidito molesto e, incluso, un cosquilleo desagradable… Por fin, uno se mete el dedito y pasa un rato entretenido hasta que captura al moco huidizo, y lo saca de la nariz con sentimiento de triunfo y respira aliviado, ya sin oclusión nasal. Sí, amigos, yo creo que nos hurgamos la nariz solo por apartar de nosotros esta molestia y porque la evolución nos ha dotado de unas extremidades anteriores capaces de tan fina manipulación. Esto me ha hecho pensar en el resto de nuestros, no tan afortunados, amigos animales… ¿Qué pasará en las fosas nasales de un caballo?, por ejemplo, ¿tendrán que aguantarse con esos mocos ahí pegados?  Desde luego, por más que quieran, una pezuña no es tan buena herramienta para tan delicada operación.¡Congratulémosnos, pues,  por nuestra suerte!

En cualquier caso, aunque me encuentre reivindicando esta estigmatizada conducta, motivo de este post, he de decir que, tal y como nuestras madres han hecho desde que somos muy chiquitos, yo también repruebo que dicha actividad se haga en público.  Que, como cualquier otro acto para asegurar nuestra higiene, debe ser algo íntimo y personal. Todos lo hacemos, pero, que yo sepa, no quedamos para evacuar nuestras heces en compañía, ¿no? Así que, aunque para algunos sea casi un acto involuntario, la verdad es que debiéramos preocuparnos por no regalar tan desagradable visión al resto de nuestros congéneres.

En general, hurgarse la nariz es un pasatiempo que, la mayoría de las personas, dejan para los momentos de soledad… De todos es sabido, que uno de los momentos preferidos, por un gran porcentaje de la población, para realizar esta búsqueda exhaustiva del moco escondido, se produce durante el intervalo de tiempo que esperamos, parados con el coche, en los semáforos en rojo. Esto, claro está, si nos referimos a esa parte de la población que posee y utiliza un automóvil para sus desplazamientos. Sin embargo, se ha observado una tendencia en la actualidad, sobre todo entre la gente joven, a dedicarnos a este productivo ejercicio cuando se espera ante el ordenador a que se descargue un programa…

Sea como sea, y sea cuando sea, otra cuestión es qué se hace una vez que el moco es extraído satisfactoriamente de su orificio original…

Reconozcámoslo, son pocos los que van y lo depositan pulcramente sobre un clinex. Algunos optan por hacer una bolilla para, a continuación, lanzarlo catapultado a golpe de índice sobre pulgar;  y, otros  no encuentran lugar mejor para depositar el hallazgo, que la propia boca, pasando, entonces, la rinotilexia a llamarse mucofagia, que es, en términos vulgares, el gusto por comerse los mocos propios.

Llegados a este punto, me veo obligada a hacerme unas cuantas reflexiones a cerca de lo saludable o no que es esta conducta. Al margen de lo repugnante que pueda parecer a algunos, quisiera centrarme tan solo en cuestiones puramente médicas y biológicas.

Aunque ya os he dicho que yo no veo tanto misterio sobre el porqué nos hurgamos la nariz, resulta que, en mi investigación documental matutina, me he encontrado con que hay quienes afirman que comerse los mocos refuerza el sistema inmunológico. ¡Sí, sí! Seguid leyendo y ya vereis.

El Dr. Friedrich Bischinger, un especialista pulmonar Austríaco, recomienda encarecidamente la mucofagia, especialmente a los niños. Asegura que la gente que se come los mocos es más feliz, más saludable y vive en mayor armonía con su cuerpo.

¿La razón? Al exponernos a los gérmenes muertos y secos que se encuentran en el moco, nuestro sistema inmunológico aprende y se refuerza. “La mezcla de bacterias muertas retenidas en la nariz -dice el tipo-, una vez en el estómago, actúa como una medicina”. Pero cuidado, si se rasga la piel del interior de la nariz, se corre el riesgo de provocar una seria infección que inhiba el flujo sanguíneo hacia el cerebro. Vamos, que debemos comernos los mocos más accesibles y esperar pacientemente una nueva cosecha: nada de rascar y rebañar.

En contra de este argumento, podríamos razonar: si hay gérmenes muertos y secos en la nariz, es porque el sistema inmune ha actuado, atrapándolos, cargándoselos y posteriormente expulsándolos. Cuando nos sonamos la nariz, estamos echando una masa informe llamada moco, compuesta por agua (95%), elementos orgánicos y sales minerales. Entre los elementos orgánicos están esos gémenes, que se ven arrastrados fuera del cuerpo, literalmente barridos. ¿Tiene sentido volver a meterlos en el cuerpo, cuando el sistema inmune ya sabe quiénes son y cómo expulsarlos?

Claro que… hay que tener en cuenta que el sistema inmune es un gran conglomerado de mecanismos de diferente naturaleza. En las mucosas tienen gran importancia los sistemas inespecíficos: barrera del epitelio mucoso, enzimas bactericidas, competencia con el hierro, etc. Por lo tanto, las bacterias muertas que se encuentran en las fosas nasales no tienen por qué haber estimulado una buena respuesta específica (anticuerpos específicos, linfocitos T citotóxicos, etc).

Por otra parte, incluso aunque sí hayan tenido contacto con el sistema inmunológico específico (célula presentadora de antígeno, linfocito T helper, etc), posteriores contactos más diversos y prolongados (frente a diferentes proteínas y lugares de acción de la bacteria) van estimulando sucesivas generaciones de anticuerpos (y T citotóxicos, células NK, etc) cada vez más específicos. Esta respuesta inmune no es un sí o no, sino que progresivamente va mejorando nuestra respuesta según tenemos más contacto con los diversos antígenos de la bacteria.

Y, además de que posiblemente mejoren nuestras defensas a las bacterias concretas de las fosas nasales que ingiriéramos, la dinámica de estimulación del sistema inmune (presentar antígenos “seguros”, sin comprometer la salud ya que las bacterias están muertas) puede que, especialmente en niños, ayude a que dicho sistema se desarrolle correctamente.

De la misma manera que los pediatras animan a llevar a los niños a guarderías para que tomen contacto con otros niños y con sus gérmenes, para que su sistema inmune se abra a más estímulos. Al parecer, sobreproteger a los niños impidiendo que se expongan a gérmenes, favorece las alergias.

Sin embargo, ¿realmente es necesario esto para activar el sistema inmune? Oye, no todo el mundo se come los mocos;  si no gustas, ¿quiere decir que tu sistema inmune será de menor calidad? Claro que no. Aunque sea en una proporción mínima, cuando estamos resfriados parte de la secreción nasal se escurre por la rinofaringe y va hacia abajo, terminando deglutida y cumpliéndose todo lo anteriormente expuesto.  Ese proceso de “reforzamiento del sistema inmune” se cumple al deglutir los mocos, de forma más o menos consciente, siendo más discreto y educado que meterse el dedito (o dedazo) en la napia propia.

Pues ya veis, para todos los gustos… Lo que parece estar claro es que mal no causa, así que haced lo que queráis… sí disfrutáis con ello, pues, hala, ¡qué os aproveche! Pero, por favor, disfrutad del festín en privado, jajaja…

He aquí un seguidor del  Dr. Friedrich Bischinger , el cual enseña, convencido, a los niños, cómo ha de realizarse correctamente la rinotilexia y posterior mucofagia.

Para los que flipan con la verborrea científica, otro término referente a este artículo, rinotilexomanía: Hurgarse la nariz de manera compulsiva.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: