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VIAJERO ESPACIAL

Ayer, viendo en la tele un capítulo de Bones en el que la víctima presentaba baja densidad ósea para la edad que supuestamente tenía, según se deducía del estudio de sus huesos, me pareció interesante buscar información para explicar la causa con la que explicaron el caso: Se trataba de un astronauta. Es cierto que los viajes espaciales conllevan una pérdida de densidad ósea y muscular. La pregunta es evidente: ¿Por qué?

He recogido el siguiente artículo que lo explica. Espero que os resulte interesante.

Además de lidiar con todas las tareas que deben desarrollar durante su estancia en el espacio, los astronautas sufren un fuerte desgaste físicoo, pues debido a la ausencia de gravedad, sus huesos se debilitan y pierden masa muscular, particularmente en las piernas, dado que no requieren caminar, usan sus brazos para impulsarse.

La falta de ejercicio en condiciones de gravidez, como el que normalmente se lleva a cabo en la Tierra, ocasiona que los astronautas vean reducidos sus músculos en tamaño , fuerza y resistencia. Incluso experimentan cambios en la composición de las proteínas musculares.

A fin de contrarrestar estos efectos, los científicos desarrollan fármacos específicos que se complementan con regímenes de ejercicios especiales, mismos que además ayudan a comprender cómo es que el déficit musculoesquelético se refleja en otros órganos.

Entre los equipos de que se valen para ejercitarse se cuenta un par de indumentarias de licra, como las que utilizan los ciclistas, dotadas con 20 sensores que permiten monitorear la actividad eléctrica de los músculos, la cadera, las rodillas y los tobillos y medir la fuerza ejercida bajo cada pie de manera continua.

Los especialistas creen que este equipamiento tiene potencial para arrojar nuevas luces a fin de explicar las causas por las que se da la pérdida de masa ósea y muscular durante los vuelos espaciales. El objetivo es determinar si cierto tipo de ejercicios es más efectivo para disminuir dicha pérdida. En teoría los resultados obtenidos de las lecturas de los astronautas tienen repercusiones significativas para prevenir y tratar la osteoporosis en la Tierra, que se ha convertido en un problema mayor de salud.

Vivir y trabajar en el espacio requiere de mucho vigor mental, sin embargo, la ausencia de gravedad demanda poco trabajo físico. En la Tierra, las personas utilizan constantemente determinados músculos para soportar la fuerza gravitacional. Los estudios muestran que un astronauta experimenta una pérdida de masa muscular de 20% en un vuelo espacial de entre cinco y 11 días.

Es posible simular la ingravidez del espacio para el entrenamiento de astronautas y para estudiar el efecto de los fármacos.

Dicha pérdida resulta potencialmente peligrosa ante la eventualidad de que el astronauta deba realizar algún procedimiento de emergencia que requiera de fuerza muscular al ingresar en el campo gravitacional de la Tierra, como en el caso del Apolo XIII. Aun cuando la masa y la fuerza pueden recuperarse, el mantener la masa muscular en el espacio es una preocupación constante tanto para los científicos como para los propios astronautas, especialmente en misiones de larga duración.

La única manera de prevenir la atrofia muscular en el espacio es a través de ejercicios específicos y una dieta adecuada. En ese sentido los astronautas invierten alrededor de dos horas y media diarias en ejercitarse en el espacio.

Durante una misión espacial, los tripulantes ganan entre cuatro y seis centímetros de altura, según datos de la NASA. Ello, señalan, presumiblemente obedece a que no tienen la presión de la gravedad sobre sus esqueletos.

Sin embargo, también están sujetos a un fenómeno conocido como “rostro lunar”, que hace que los fluidos de la parte superior del cuerpo sufran un cambio y ocasionan que la cara de los viajeros se torne redonda, como una luna llena.

Su sistema inmune también experimenta cambios, el volumen de sangre se reduce una quinta parte y la masa muscular y ósea también decrecen a razón de 1% por mes, según el médico astronauta Bernard Harris Jr.

Si se compara la pérdida de masa ósea con la de una mujer que padece osteoporosis y pierde entre 3% y 4% de masa anualmente, el desgaste de los exploradores del espacio es alarmante. De ahí que los científicos abocados a resolver los pormenores de una misión tripulada a Marte, que duraría entre uno y dos años de viaje, enfrentan un gran reto para resolver esta contingencia.

Así las cosas, viajar al espacio no es tan placentero ni seguro como pudiera pensarse, de ahí que quienes aspiran a ser astronautas deben pensarlo detenidamente, pues, como sentencia la sabiduría popular, las cosas no siempre son lo que parecen.

Estrés al límite

El entrenamiento riguroso tanto físico como mental, las miles de horas de preparación en aulas, aeronaves y simuladores, así como el hecho de saber que un error en una misión, por mínimo que sea, podría costar desde miles de millones de dólares en pérdidas materiales hasta vidas humanas, generan niveles de estrés muy elevados en los astronautas.

Baste recordar el citado accidente delChallenger para imaginar lo que puede pasar por la mente de un astronauta cuando sabe que su vida y el éxito de su misión no sólo dependen de él, sino de que todos los miembros del equipo en tierra, científicos e ingenieros, hayan realizado sus tareas a la perfección para evitar problemas.

Además de las circunstancias normales a que están sometidos durante su vida diaria los astronautas están sujetos a presiones extremas, pues su trabajo requiere altos niveles de concentración y precisión, ya que de ello depende no sólo el éxito de sus misiones, sino también sus vidas y las de sus compañeros.

Según los especialistas del Centro Médico Albert Einstein existen muy diversas circunstancias de estrés: una de ellas se refiere a los periodos de entrenamiento previos a una misión, así como también al desarrollo de ésta. El estrés puede, desde modificar los patrones de sueño, hasta causarles disrupciones en el ritmo cardiaco. En todo caso, incide directamente en su rendimiento físico y mental que, a la postre, interfiere con sus operaciones normales en el espacio.

En ese sentido, los expertos advierten que ciertas tareas que les son asignadas durante su estancia en el espacio pueden ser factores de estrés, mismo que, llevado al límite, podría ocasionarles la muerte repentina de manera casi inexplicable. Se trata de un fenómeno conocido como SUD.

A fin de profundizar en el estudio del SUD y las formas de prevenirlo con entrenamiento en tierra, los científicos estudian el estrés asociado con los cambios en las funciones neurales autónomas, cardiacas y la morfología como factores de riesgo de SUD en los viajeros espaciales.

Fuente: El Universal/México; Centro Médico Albert Einstein, NASA, Centro Espacial Johnson y Agencia Espacial Europea)

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